TIGRES DE PAPEL

TIGRES DE PAPEL

Durante muchos años y coincidiendo con la elaboración de los Presupuestos en las Empresas, era común que Directores y Especialistas en Recursos Humanos, se interesaran por conocer cuales iban a ser las llamadas plataformas reivindicativas de las Organizaciones Sindicales, y a la contra, los posicionamientos de las Organizaciones Patronales ante las demandas laborales.

Llegado el mes de Enero,  las posiciones de cada una de las partes, las exigencias a la hora de la negociación de los Convenios, el clima generado, era uno de los momentos que más expectativas levantaba tanto en el seno de las Empresas como en los medios de comunicación.

Todo el mundo quería saber, que iban a pedir los sindicatos y cuanto estaban dispuesto a dar los patronos.

 

La historia reciente 

Desde el inicio de la transición democrática, los llamados agentes sociales fueron consolidando una posición, dictada por la Constitución, el Estatuto de los trabajadores y el resto de la legislación laboral, de regular las relaciones laborales, la negociación colectiva y de intervenir en todo aquello que afectara a la situación socioeconómica.

El protagonismos de estos interlocutores sociales adquirió una importancia vital que afectaba a la práctica totalidad de Empresas y trabajadores.

Sin embargo la diferencia en el número de quienes formaban parte de estas organizaciones, sus afiliados y el número muy superior a quienes representaban, hizo que tanto los sindicatos como la Patronal, pasaran a depender de manera harto importante de los Presupuestos Generales del Estado y de los Fondos para la Formación.

En una palabra su financiación, más que depender de las cuotas, empezó a nutrirse de Subvenciones, Gestión de la Formación y unas partidas considerables a cargo del Erario público.

 

Los errores cometidos a lo largo de más de 30 años.

Renunciar a que la autofinanciación a través de las cuotas de sus afiliados, fuese su mayor fuente de ingresos, asumir el coste de representar a todos y los escándalos provocados por unos cuantos sentaron las bases para no fortalecer estas organizaciones.

La crisis, las sucesivas leyes que recortaban el poder de los agentes sociales y  la perdida de confianza en los mismos han hecho que se produzca un descenso gravísimo en la representación de Empresas y trabajadores.

Ir reduciendo constantemente las estructuras sindicales  mediante las fusiones de Federaciones o la dispersión por motivos políticos de las Patronales han ido creando un sentimiento de distancia con la realidad que se representa.

En el caso de los Sindicatos, probablemente las decisiones tomadas sean las más necesarias dada su debilidad estructural, pero conllevan el peligro de que los interlocutores o los asesores sindicales desconozcan cada vez más la realidad de los sectores.

 

A quien representan hoy Sindicatos y Patronal

Hoy en día en España, menos del 25 % de las Empresas pertenece a una asociación  patronal.

El índice de afiliación a los Sindicatos está en estos momentos por debajo del 15 %, muy lejos de la afiliación de la media europea que se sitúa entre el 35 y el 40% y a una distancia sideral de los países escandinavos donde la afiliación fluctúa entre el 60 y el 80 %.

Y lo que es peor, las encuestas del CIS colocan a estas instituciones dentro de las peor valoradas por los ciudadanos, después de los políticos, partidos políticos y los bancos.

Ambos han tenido que reducir drásticamente sus estructuras. Con el caso curioso de los sindicatos teniendo que aplicar las normas, medidas e indemnizaciones que ellos mismos han criticado y combatido. Tanto UGT como CC.OO. acumulan en los últimos años ERE´s y despidos absolutamente necesarios para afrontar el redimensionamiento de su estructura.

Con mayor sigilo las estructuras de la Patronal se han visto menguadas, no en el mismo tamaño ya que su catálogo de actividades es mucho más amplio que el de las Organizaciones Sindicales.

 

Cual es su situación actual 

A la falta de afiliación antes comentada se observa un distanciamiento cada vez mayor de las Empresas y de los Trabajadores hacia sus representantes.

En los casos de las Empresas porque la mayoría de las que crecen o de la nueva economía, proceden de pequeñas sociedades que se han abierto un nicho de mercado, casi siempre al margen de la representatividad colectiva.

En los trabajadores por la visión de que los sindicatos solo representan a los trabajadores de las grandes empresas y especialmente a los que gozan de condiciones de estabilidad.

Únase a ello la visión heredada de la parte de escándalos protagonizada por sindicatos o patronales (Cursos de formación, Dirigentes de Patronal encarcelados, Tarjetas black, etc. etc.)

Otro problema y no de menor calibre es la trampa económica y de funcionamiento que supone pretender querer representar a veinte millones de trabajadores con las cuotas de casi tres. Sencillamente es imposible, si no se depende de que el Estado abone la diferencia.

Pero eso es perder la autonomía y la libertad.

Podrán montarse huelgas generales con mucho ruido y mucha tensión de 24 horas, pero poca capacidad de intervención en la vida social y económica.

Al día siguiente el gobierno de turno tendrá la sartén por el mango .

La situación es mala y sigue empeorándose por momentos.

No me refiero a la economía, que en términos macroeconómicos parece que apunta a una ligera mejora, sino que me refiero a esta inseguridad que se va apoderando del día a día de la vida laboral española.

 

La encrucijada.

Y sin embargo el rol de los sindicatos y las organizaciones empresariales es ,en estos momentos, crucial para un desarrollo sostenido de esas pequeña mejoras que apuntan en la economía.

Vivimos en una sociedad que empieza a consolidar un modelo de diferencias abismales en el mundo del trabajo. Desde salarios individuales “intocables” y “condiciones más beneficiosas” que están basados más en el error y el privilegio que no en el derecho adquirido, hasta retribuciones de miseria que no garantizan el consumo o las pensiones.

En las empresas cada vez se nota más el efecto de la competencia desleal. Las condiciones de los nuevos contratos han caído en picado y lo que era antes una excepción, se va convirtiendo en la norma, para prejuicio de empresas que pagan decentemente a sus trabajadores.

Alguien tiene que regular unos mínimos de consenso que impidan que “el aprovecharse de la crisis”, se convierta en la regla principal del juego.

Y aunque parezca un contrasentido, en mi opinión es el momento de que los agentes sociales recuperen el papel institucional que tienen asignado.

Seguir relegándoles a un papel testimonial solo nos llevará a un mercado cada vez más salvaje y a generar  una sociedad tremendamente fragmentada.

Pero el reto principal lo tienen los propios agentes sociales.

Si el mensaje que lanzan es que todo consiste en derogar una determinada ley, como fuente de todos sus males, será señal de que no han aprendido nada de toda la crisis.

Si todo consiste en lanzar una reivindicaciones económicas potentes para relanzar el mercado de consumo, querrá decir que solo están mirando a un sector de los trabajadores.

Y si nuestras organizaciones patronales no saben hablar de productividad, flexibilidad y lucha contra el fraude y la competencia desleal es que aún no se han situado sobre el tablero de esta partida de ajedrez.

Quizás sea la hora de la refundación de nuestras organizaciones tanto sindicales como patronales.

Quizás tengan que provocar una revolución interna que las haga entrar de lleno en el siglo XXI sin los esquemas del XX y las ideologías del XIX.

Hablar sin que nada cambie les convertiría en Tigres de Papel”

 

 

 

 

 

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