MARCARLE UN GOL A LA VIDA

MARCARLE UN GOL A LA VIDA

El taller de reparaciones de aquella fábrica textil, situada en el Vallés de Barcelona,  era un mundo aparte.

Allí terminaban los motores, las piezas de las maquinas, y cualquier mecanismo que se averiara o se rompiera, en aquel enorme conglomerado de naves, telares y personas. Nadie hablaba de Mantenimiento; era simple y llanamente “El taller de Reparaciones”

De entrada el sonido era distinto. Al ruido constante de la maquinaria que tejía sin parar metros y metros de tela, se le sustituía por golpes de martillo, sonidos de yunque y chisporroteos de soldadura.

También había otra diferencia. Las salas de los telares era un mundo de mujeres que mañana y tarde se ganaban el pan haciendo funcionar aquellas instalaciones.

El mundo del taller, era un universo de hombres. Y de proyectos de hombres.

12 entre mecánicos, soldadores y “chispas” (eléctricos) y 4 aprendices, componían el ejercito que vigilaba que aquella industria, no viera interrumpido su proceso de fabricación.

Y que lo que se rompía o se estropeara fuera reparado en la medida de lo posible.

 

EL CONTEXTO

A mediados de los años 60 se notaba la incipiente expansión de la industria española y la industria textil nadaba en la abundancia. Proyectos nuevos, formas de gestión nuevas y la posibilidad de cambiar de trabajo sin el peligro de quedarse en el paro.

Una creciente inmigración hacía que las fabricas y las industrias de la zona del Vallés y de toda Catalunya, se fueran llenando de gente procedente de Andalucía, Extremadura y de casi todas las regiones españolas.

La dictadura continuaba y en las fábricas y en la sociedad española de lo único que estaba permitido hablar era de futbol. De lo demás casi nada, pero de futbol lo que quisieras.

La gente lo único que aspiraba era a conseguir un empleo y empezar a labrarse una nueva vida que le fuera ayudando a olvidar las miserias de una guerra y una postguerra atroz.

Y en la bonanza, la disciplina en los centros de trabajo se fue relajando de manera inversamente proporcional a los resultados económicos.

Se trabajaba para producir y conceptos como la calidad, la seguridad en el trabajo, el medio ambiente, el orden y la limpieza eran “añadidos” que la mayoría de las veces no se tenían en cuenta.

 

UN ENCARGADO DIFERENTE

El señor Luis era hijo de unos inmigrantes andaluces de antes de la guerra. Su madre había sido una trabajadora de aquella misma fábrica y él entró siendo muy chiquito, primero en la Sala y luego en el Taller.

Tenía devoción por su Empresa. Decía que gracias a ella podía hacer el resto de su vida. No permitía que nadie hablara mal de los dueños. En una ocasión alguien criticó que el propietario se fuera de viaje en un coche carísimo, el Señor Luis saltó como un resorte.

“Ese se deja los dineros aquí en la Empresa. Vete a Andalucía y verás tirarlos en la feria y en caballos”

El pobre al que le cayó el rapapolvo, bajo la mirada y no contestó.

Siempre iba recitando una especie de mantra: Cuesta lo mismo hacer las cosas bien que mal.

Y con el se enfrentaba a toda la Empresa cuando le metían prisa o alguien tenía ganas de acabar algo a medias.

 

MANIAS

El señor Luis no toleraba a los impuntuales. Ni a los vagos. Ni a los desordenados.

Quien llegaba tarde o no estaba preparado a las 6 de la mañana, se pasaba el día rascando las piezas de metal a las que había que quitar oxido.

Una vez un directivo le llamó al orden, diciéndole que había quejas de alguno de los operarios, porque era muy estricto.

Aquel día limpió óxido todo el taller. No se reparó nada, absolutamente nada, hasta que el trabajador que se había quejado confesó su “delito”.

El día empezaba con una reunión de los Oficiales para preparar la jornada. Los “Segundas” los “Terceras” y los “aprendices” mientras tanto se dedicaban a limpiar todo el taller.

El señor Luis escuchaba a todos y terminaba la reunión recitando los nombres de cada uno de los “oficiales primera” y el trabajo que tenían para la jornada.

Luego comprobaba la limpieza que había realizado el resto del equipo.

Y era insoportable para él que los lavabos y las duchas del taller no se cuidaran.

Tenía un dicho “Mejor que en tu casa; si tienes que estar más horas aquí, esto tiene que estar más limpio que tu casa”

Así que todo el equipo se afanaba en intentar mantener lo máximo posible el orden y la limpieza en el taller, porque cuando sonaba la sirena de final de jornada a las Seis de la Tarde, se repetía el ritual.

Pero esta vez, se ponía a limpiar y a recoger a todo el mundo.

Al acabar la limpieza el Señor Luis daba una vuelta por las maquinas y comprobaba que todo estaba en orden, apagadas las maquinas, colgados los útiles cada uno en su sitio y barrido todo el taller.

Entonces daba la orden para que los segundas, los terceras y los aprendices se marcharan y se quedaba con los primeras si había que comentar alguna incidencia del día.

Luego se metía en la pequeña oficina que le servía de despacho , rellenaba unos cuantos papeles y daba las últimas instrucciones al mecánico y al chispa que se quedaban de guardia (la fábrica cerraba a las diez de la noche).

 

HUMANIDAD

No toleraba los insultos, las peleas, las fotografías de mujeres desnudas, o las burlas hacía alguien por alguna deformidad.

Y aunque aquello no fuera lo normal, lo cotidiano de talleres similares, él no toleraba ningún incumplimiento de sus normas.

Solamente le gustaba el fútbol. Seguidor del Sabadell era normal verle en los partidos del equipo arlequinado.

Y cuando hablaba con los trabajadores, con los compañeros y en general con cualquier persona, se le escapaban los términos futbolísticos: “Vamos perdiendo este partido””Tranquilos que si esto ha salido mal, nos queda el partido de vuelta””Esos de comercial son como los árbitros, ven lo que les da la gana””Lo que pasa en el campo, se queda en el campo”(si alguien había cometido un fallo)

En el trabajo, tenía una especial preocupación por los aprendices.

Los primeros meses eran un infierno para aquellos chavales. Trabajo duro y más duro. Rascar, limpiar, lijar, obedecer,  obedecer, aprender, aprender, aprender.

Probar siempre con cosas que se pudieran tirar, nunca con algo que pudiera ir a la fábrica.

Pero él decía que un aprendiz en su taller venía para dos cosas:

 

Demostrar que podía estar a la altura de los oficiales

Probar que le gustaba lo que estaba haciendo.

 

Quien no pasaba “la prueba” mejor que se dedicara a otra cosa.

 

 

Cuando se jubiló, le pidieron decir unas palabras:

 

“he vivido momentos muy duros, la guerra, el hambre…. Confieso que no quería trabajar en esta fábrica ni en este taller…. Demasiados recuerdos…. y demasiadas cosas que no me gustaban, en como si el entrenador nos hubiera puesto una táctica que no me gustaba …………..Pero me decidí a Marcarle un gol a la vida…. “

 

CONCLUSION

 

El taller del Sr. Luis se convirtió en una fuente de jefes de mantenimiento y taller de las industrias del Vallés.

En una cena donde se reencontraron varios de estos me contaban que las reglas del Sr. Luis se podían resumir de la siguiente manera:

 

  • Llegar el primero e irse el último
  • Las cosas cuestan lo mismo hacerlas bien que mal
  • Oír antes de tomar decisiones
  • Enseñar lo duro lo primero
  • El lugar de trabajo tiene que estar mejor que la casa de uno.
  • No muerdas la mano que te da de comer
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