EL PASEO

EL PASEO

Una fábrica enorme. 

Aquella fábrica era demasiado grande, tenía demasiada gente y demasiados problemas.

En su mayor esplendor había albergado cerca de 1300 trabajadores.  

En los años sesenta, un cartel donde indicaba “Se necesita personal” había estado colgado de las vallas durante casi dos años.

Naves, oficinas, un comedor, una escuela de aprendices que ahora era una biblioteca, y recuerdos… muchos recuerdos de personas que habían dejado allí los mejores años de su vida, para recibir, como recompensa un reloj de oro, a los veinte años de antigüedad.

Cuando el negocio empezó a flaquear a muchos de ellos les encontró aún demasiado jóvenes para jubilarse y demasiado viejos para encontrar otro trabajo.

Vidas enteras escritas dentro de aquellas paredes.

 

Y de pronto, el cambio en el mercado.

Aquellos productos que ellos fabricaban con un mal disimulado orgullo, los que habían sido objeto de grandes ferias de muestras, de pronto habían empezado a estar fuera del gusto de los consumidores.

No se intuyeron los cambios y nadie reaccionó a tiempo. El éxito en un mal consejero o de estrategia.

Como siempre a alguien se le ocurrió que aquello se solucionaba con recortes de plantilla. Suerte que había gente más inteligente dirigiendo la Empresa.

Y es que el precio a pagar, desde el punto de vista social, sindical y político era muy alto. Así que la orden fue que había que olvidarse de soluciones traumáticas e ir vaciando poco a poco aquella fábrica, mantenerla lo más rentable posible y dejar que el precio de los terrenos fuera subiendo.

Y sobre todo la Dirección quería, desde Madrid, saber en todo momento que ocurría, que problemas su suscitaban, quién cumplía con el programa establecido, a quien había que salvar de aquella muerte anunciada.

 

Un jefe de personal en apuros.

La tarea se informar a Madrid de lo que ocurría recayó en un jefe de personal, que acabada de aterrizar en la planta. Parece que la alta dirección, no acababa de fiarse mucho de los 3 gerentes de negocio, ni de la Dirección de Recursos Humanos, ni siquiera de los departamentos de auditoría.

Todo el mundo sabía que para muchos de aquellos negocios, no había mucho futuro y el trabajo cotidiano era una lotería donde los méritos no servían demasiado.

Lo que se hablaba en cada despacho, lo que se decía en la cantina o lo que se reportaba a la central distaba mucho de ser información fiable.

Y el pobre hombre no encontró ningún manual, lo suficientemente concreto para conocer que debía anotar, que datos recoger y que información recopilar.

Cansado de estudiar cuadros de mando, indicadores de gestión y demás artificios, se armó de eso que llaman humildad y se fue a ver a su viejo Director de Área, curtido en mil batallas sindicales y de gestión.

Y este le dió un consejo.

 

El Paseo.

“Mira, lo que debes hacer es darte una vuelta por la fábrica todos los días.

 No vayas ni muy rápido, ni aparentes que vas a alguna parte. Tampoco que nadie lo interprete como un paseo de alguien que no tiene nada mejor que hacer.

Se educado, saluda con unos buenos días a todos. No pretendas ser amable, ni hipócrita preguntando por aquello que no sabes.

Mira, observa, anota.

No quieras ser simpático, ni antipático,… ni caigas en el falso compañerismo.

No eres ni amigo ni enemigo de nadie. 

El día que la gente te salude es que todo está normal. El día que la gente se gire para las maquinas es que algo pasa. Un accidente en el turno de noche, una bronca mal dada por un jefe, un error en las nóminas, un rumor. Etc. etc

Tendrás que aprender a crear tus fuentes de información fiables, que te concreten lo que ha sucedido.

Fíjate en donde hay orden y en donde las cosas están tiradas a la buena de Dios.  Observa en qué áreas la gente está por la faena y en que sitios se deshacen corrillos cuando tu pasas.

Si alguien te pegunta algo, responde hasta donde puedas. Pero no crees un nuevo canal de información. Recuerda que tienes un despacho y unos interlocutores.

Desconfía de los que preguntan sobre una cosa, pero les interesa conocer otra. No son fiables como personas. 

Y cuando llegues a tu mesa apunta los sitios donde se pasa el tiempo y en donde se trabaja. 

Quien es el jefe que sigue dirigiendo a su gente y solo te da los buenos días. Y observa a los que se anotan todo lo bueno que hay en sus secciones, y que si no fuera por él aquello no funcionaría. Uno vale, el otro no. 

Y saca tus propias conclusiones porque no hay ni un manual, ni un método científico para saber lo que pasa.

Y apuntalo, porque tendrás que repasar tus notas muchas veces. 

Llegará el día que sabrás más que nadie de la fábrica y cuando des una opinión sobre la situación o sobre una persona tendrás más información que nadie. 

Recuerda que tú no eres el líder, pero sabrás de liderazgo.”

 

 

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